En busca de los orígenes

Muchos me han preguntado de cómo lo encontré y donde, es un secreto que tengo guardado desde hace muchos años, pero ahora con las pocas horas de vida que me quedan, les quiero confesar y relatar el primer encuentro que tuve con el libro.

Después de muchas jornadas de trabajo e investigación tuve la suerte en dar con un manuscrito en la universidad de Miskatonic, en uno de mis viajes a Massachusetts. Allí se narraba la leyenda del libro de los muertos que se trasladó desde España con destino al Nuevo Contiente allá por el año 1524. El libro lo encontraron los Templarios en una de sus múltiples incursiones en territorios árabes en la época de las Cruzadas, y lo presentaron a los reyes de España como ofrenda en la batalla.

Antes de llegar a el Nuevo Mundo descubierto por Colón, hicieron una parada para repostar los barcos y llenarlos de provisiones en las ISLAS CANARIAS. Y es aquí, donde después de grandes infortunios el libro se perdió o se ocultó en una de las zonas volcánicas de la isla, por razones que desconozco.

Hoy di con el paradero exacto de la ubicación del libro de los muertos. Mi excursión comenzó subiendo a la caldera más antigua de las islas, un cono volcánico más antiguo que algunas regiones del planeta. Y descubrí la primera evidencia de lo que buscaba. El geólogo y matemático “Leonard Von Buch” ya lo había escrito en 1836 es unos de sus viajes por las islas.20160424_123946

Dicen que en el fondo de la caldera hay una aldea primitiva donde servían una especie de vigilantes y guardianes de una cueva sagrada. Esa raza de aborígenes habían sido elegidos por los Dioses primigenios de generación en generación.

Descendiendo por la caldera se observa cómo la naturaleza se hace cada vez más densa y salvaje. A cada metro que penetramos en el cono volcánico es como si hubieramos viajado en el tiempo. A un tiempo muy antiguo. Los plieges en la roca datan de épocas precámbricas o incluso más antiguas. Con mi cámara de fotos pude sacar algunas instantáneas.

Ya en lo más profundo de la montaña, el aire no se mueve, no hay animales ni cualquier sensación de que haya pasado algún ser humano en décadas. Serpenteando por un estrecho sendero pude encontrar al final, y con un gran esfuerzo, la ansiada aldea de los vigilantes. Es un poblado de varias casas abandonadas y que demuestran la teoría de que allí hubieron “vigilantes” aborígenes. La entrada de la cueva no debía estar lejos.

Perdí el sentido de la orientación y no se cuantas horas anduve en el fondo de la caldera, el día se me echó encima y tuve que buscar refugio. Me abrí paso entre la densa vegetación y allí, con suerte o por una llamada del destino, encontré la entrada de la cueva sagrada.

Era una entrada de difícil acceso pero desde su oscuridad me llegaba un lamento antiguo, un llanto que llamaba mi atención. Decidí investigar de dónde provenía ese cántico y me adentré en la tenebrosa oscuridad.

2016-04-18 16.00.28

Caminé por la galería durante horas, quizás días. Al final un gran espacio se abrió ante mi. Allí estaba el libro sobre un altar. Abierto por las páginas marcadas:

“Cantos e Invocaciones”

Desde lo más profundo de mi alma una fuerza oscura me hizo recitar aquellas malditas frases y ya nunca se borraron de mi mente. ¡¡¡Invoqué a los Dioses Primigenios!!! ¡¡Estamos perdidos!!! Aun asi todo mi ser sentía una paz interior abrumadora, era como haber vuelto al hogar, a ese hogar al que quizás siempre he pertenecido.

FIN

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