MERIENDA DE VOCALES

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Cada sábado por la tarde, a eso de las cinco, se reunen las cinco vocales para merendar y comentar cómo les ha ido la semana. El tema de hoy: “El incipiente problema político entre los diptongos y los hiatos”

La primera en llegar, como siempre, fue la vocal a, de hecho, su casa era la sede oficial de las reuniones. Era la encargada de poner el lugar, llamar a los asistentes y confirmar la hora, casi siempre estaba en todos sitios y era la más deseada. La segunda en llegar fue la e, la más socorrida en caso de emergencia. La siguiente fue la i y tras ella la oronda o, ésta última había engordado unos kilos después de sus último viaje a Oslo. Las vocales se fueron acomodando mientras preparaban la mesa para comer. En ese momento llegó la u, tarde para no variar la costumbre. La u a veces se sentía desplazada por sus compañeras al ser la menos útil. Empezó a preparar la mesa la anfitriona.

  • Saca la sal, allá a la tabla.
  • Sí – dijo la i.
  • Pan? – añadió la a.
  • No, solo como cocos o choco – añadió la o sobre su dieta.
  • ¿Bebes té? – preguntó la e.
  • Con hongos o copos – respondió la o.
  • Vaya vaca! – exclamó.
  • Todo gordo – dijo la o avergonzada de su aumento de peso.
  • Té? – le preguntó a la vocal a.
  • Va, va. Saca la lata, la ámbar aplatanada. Ábranla.
  • Difícil brindis – dijo la i viendo lo complicado que se hacía entenderse.
  • Tú? – preguntó la u a la vocal e.
  • Échele, dele. Beberé decentemente – y llenó el vaso hasta el borde.

Las reuniones comenzaban siendo un caos, hasta que, desesperadas por la situación llamaban a la última compañera.

  • Llama, llama. Acaba la drama.
  • Sí insistís, brindis, kiwis y listín – la i estaba harta de aquella pantomima de cada sábado.
  • Debe tener célebres creyentes enfrente – dijo refiriéndose al sujeto de la llamada.
  • Vaya tabarra – dijo la a cansada de la actitud de la compañera

La u que hablaba poco, intentó hacer la llamada.

  • DIGA? – dijo una vocecilla al otro lado.
  • Buf, uhh… – casi no sabía qué decir.
  • Quién es? Eres tú? – el interlocutor sabía quién era pero hizo el tiempo suficiente para ver lo nerviosa que se ponía la u.

Entonces la vocal recordó una palabra que había aprendido en caso de emergencias.

  • Bululú!!! – tan fácil como eso: tumulto, alboroto, escándalo.
  • De acuerdo – dijo – Llevo algo de comer?
  • Cuscús, humus, chucrut.
  • Estaré en cinco minutos.

Todas las vocales respiraron aliviadas. Al cabo de cinco minutos tocaron a la puerta principal.

  • Abran la sala atrás! – reclamó la a.

Por la puerta entró de forma elegante, lleno de conocimiento, sabiduría y un léxico envidiable el vocabulario.

  • Ya estamos todos, podemos empezar a comer – dijo la a

Así dio comienzo otra tarde de discusiones, peleas, mal entendidos y coloquios que se extendían hasta altas horas de la madrugada.

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