BITS

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Él, joven, alto, cuerpo atlético, barba de tres días y gafas de pasta negra. Vestido con chaqueta militar, pantalón vaquero, calzoncillos que asoman y zapatillas último modelo All Star blancas impolutas. En la mano un móvil smartphone, pantalla extra grande, wifi, bluetooh, y cargado de apps inútiles. Cascos negros le infunden un hilo musical que adormece su cerebro y sus sentidos. El joven camina por la calle como androide con rumbo programado, un dron sobrevolando las aceras y pasos de peatones, esquivando personas y carros de compra sin apartar la mirada de la pantalla. Su paso es acelerado.
Ella, joven, esbelta, pelo teñido de rubio y varios piercings, un tatuaje asoma por su espalda en forma de gran pez. Misma chaqueta militar pero con falda corta, ajustada, marcando sus tiernos y duros muslos. Calza zapatillas deportivas rosas con brillantes. En la mano un móvil conectado a la wifi de la ciudad, su tarifa de datos había llegado al límite. Camina por la calle buscando una recepción buena de señal, el destino se aleja pero a ella no le importa desviarse de la ruta trazada. Algo de Lady Gaga retumba en su cabeza y tararea la letra sin sentido. La mirada clavada en la pantalla, el mundo ya no es vistoso si no se ve con tres millones de megapíxeles.
Los jóvenes avanzan por la acera absortos, los sonidos del tràfico se amortiguan con los compases de los bits de música, editados hasta modificar los perfiles de conducta juveniles. Se chocan y piden disculpas sin levantar la mirada.
Él levanta la mirada, se gira y le muestra una sonrisa, ella es preciosa. Ella le devuelve la mirada, charlan amablemente e intercambian los números. Días más tarde una cita, cine, cervezas, charlas hasta altas horas de la madrugada y sexo placentero. Quizás dos o tres años de feliz relación y con suerte una pareja estable que forja un proyecto para toda la vida.
Pero ninguno de los dos jóvenes lo hace. Siguen con la mirada baja. Sus caminos se alejan y sus destinos con ellos. De los cinco sentidos aturdidos por la tecnología, el olfato perdura. El perfume suave a rosas de ella hace que el joven se gire para observarla, pero cuando hubo centrado su atención un coche que circulaba la embiste tirándola varios metros. El semáforo estaba en verde pero ella no levantó la cabeza para mirar la realidad que le rodeaba.
FIN
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